martes, 1 de marzo de 2011

La Convención de Sintra


Hubo un tiempo, en la historia de los conflictos humanos, en los que no era extraño que se llevaran a cabo acuerdos formales entre los líderes de los bandos en litigio tanto para evitar innecesarios derramamientos de sangre, o bien para buscar una salida honrosa para ambas partes en una situación de punto muerto.
Tal fue el caso de la Convención de Sintra, que puso punto final a la primera invasión francesa de Portugal, fue objeto de acalorados debates en el Parlamento de Londres y, a la postre, supuso el fin de la carrera de dos afamados generales británicos.
En Junio de 1808, después de que tuvieran lugar levantamientos generalizados en España (y por extensión en Portugal) contra las tropas francesas, los británicos enviaron un cuerpo expedicionario al mando operativo del teniente general Sir Arthur Wellesley que derrotó a las tropas napoleónicas en las batallas de Roliça y Vimeiro (17 y 21 de Agosto respectivamente). No obstante el grueso de tropas francesas en Portugal, al mando del general Jean Junot, se encontraba intacto aunque bloqueado en Lisboa.
Dado que los británicos no tenían suficientes fuerzas como para plantear un asedio a la ciudad y, por otra parte, los franceses no podían contar con refuerzos ni eran capaces de forzar su salida hacia zonas más seguras se impuso la diplomacia.
El general francés François Etienne Kellermann, al mando de una de las divisiones de Junot, fue el encargado de entablar negociaciones con los británicos. Puesto que había dos generales de mayor antigüedad (Sir Harry Burrard y Sir Hew Dalrymple) estos dejaron que Kellermann estableciera los términos con Wellesley.
Los franceses solicitaban abandonar Portugal con sus armas, equipo, caballos y haberes (aquí se incluía el botín pillado durante la campaña) y ser evacuados a Francia por cortesía de la Armada Británica. Sorprendentemente las condiciones fueron aceptadas e, incluso, obtuvieron los franceses la garantía de que no se tomarían represalias contra los portugueses que hubiesen colaborado con ellos.
Finalmente, el 31 de Agosto, el general Dalrymple rubricó el acuerdo y, para mediados de Septiembre, el ejército de Junot había ya abandonado Portugal en los barcos de la escuadra del vicealmirante Sir Charles Cotton.
En Londres se abrió una investigación de los hechos y se abrió expediente a Burrard, Dalrymple y Wellesley. Aunque fueron exonerados, los dos primeros no volvieron a mandar tropas en campaña y Wellesley obtuvo una segunda oportunidad debido a la muerte del general Moore en La Coruña.

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