martes, 8 de marzo de 2011

Angus Talling, H.E.I.C

Hijo de soldado y decidido a seguir los pasos de su padre, Angus Talling descartó el servicio en los regimientos del Rey por la más atrayente perspectiva de servir a la Honorable Compañía de las Indias Orientales.

Nacido en 1777, desde niño sintió la llamada de la India a causa de los relatos sobre las hazañas del general Robert Clive, que le impresionaron profundamente. A los quince años ingresó en la Milicia de Tipperary como soldado raso a las órdenes de su padre, pues éste insistió en que debía hacerse digno de sus galones, aunque fuera en la Milicia. En 1798, después de servir como ayudante de su padre durante la rebelión, y merced a la influencia de su abuelo, entró como subalterno al servicio del teniente coronel Thomas Bridges, adscrito al Ejército de la Presidencia de Madrás.


Con apenas veintidós años, el joven Angus llegó a la India a tiempo de participar en la campaña de Seringapatam (Mayo de 1799) como segundo teniente en el Primer Regimiento de Infantería Nativa de Madrás.


Los tres años siguientes, de relativa calma, los dedicó al aprendizaje de lenguas nativas y a familiarizarse con los usos y la cultura orientales. Como resultado, en 1803 ya hablaba hindi y marathi y progresaba con el urdu. Ese mismo año pasó a formar parte del rol del 12 Regimiento de Infantería Nativa de Madrás, concretamente la primera compañía de granaderos del segundo batallón. En este puesto participaría en la campaña de Assaye, en la Segunda Guerra Mahratta (1803-1805). Su comportamiento durante el asalto a las baterías, mandadas directamente por el mercenario hannoveriano coronel Anthony Pohlmann, antiguo oficial de la Compañía, le valió el elogio del mismísimo general Arthur Wellesley.


En 1805, finalizada la guerra, Angus volvió a concentrarse en sus estudios de lenguas y cultura autóctonas. Se ha convertido en un oficial muy apreciado por sus superiores, que le encomiendan misiones delicadas habida cuenta de sus conocimientos de las lenguas y usos locales lo que, asimismo, le ha concedido la confianza de los soldados nativos a sus órdenes, muy receptivos a los oficiales europeos capaces de hablar su idioma y respetuosos de sus costumbres.


Tres años después ascendió a capitán de la primera compañía de granaderos del II/12.


(C) Fernando J. Suárez

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