sábado, 30 de abril de 2011

EL CUERPO PREBOSTE

Arthur Wellesley (el Duque de Wellington) nunca ocultó su carencia de aprecio por los hombres que mandaba, ni se privó tampoco de dedicarles epítetos como "chusma armada" y otros similares.


Una de sus providencias al asumir el mando de las fuerzas británicas en la Península consistió en asegurar la disciplina de sus tropas sobre todo en el trato con la población civil aliada. Sustentaba la opinión de que la tropa, sin la supervisión de sus oficiales, dedicaba todos sus esfuerzos a pillar todo cuanto pudiera, ultrajar a cuanta mujer cayera en sus manos y beber sin medida. Incluso consideraba que en el seno de cada regimiento existía una laxitud de la disciplina debida tanto al espíritu de cuerpo de cada unidad como al hecho de que había oficiales poco escrupulosos, proclives a tolerar el pillaje a cambio de obtener su parte. A todo ello había que añadir dos preocupaciones constantes en todo comandante en jefe: el Motín y la Deserción. Así pues, las fuerzas que habían de supervisar el buen comportamiento del soldado británico en campaña eran realmente escasas y poco operativas a juicio de Wellesley, que insistió con vehemencia en Londres para que se dotara a sus fuerzas de algo que pudiera llamarse Policía Militar, en la línea de las funciones que ya venía realizando la Gendarmería Imperial (antes y después Gendarmería Nacional) Francesa.



Dos sucesos, que tuvieron lugar en el año 1812, terminaron por convencer a Wellesley de la urgencia de sus demandas: Ciudad Rodrigo y Badajoz fueron dos acciones gloriosas a la par que costosas, pero quedaron tremendamente deslucidas por el infierno de saqueo, asesinatos, violaciones y excesos de toda clase protagonizados por las tropas británicas tras la toma de ambas ciudades. El Cuerpo Preboste hubo de emplearse a fondo y el orden quedó restablecido solamente tras pródigas raciones de latigazos y la erección de patíbulos como advertencia (al parecer no se emplearon aunque no faltaron razones para ello).




A principios de 1813, accediendo a las demandas de Wellesley, se autorizó la creación de una unidad de vigilancia, conocida como Cuerpo de Caballería de Estado Mayor, nutrido por voluntarios de regimientos de caballería (distinguibles por el lazo de color rojo que cruzaba el hombro derecho) y al mando del teniente coronel George Scovell (1774-1861), el mismo que descubrió la clave de los códigos de comunicaciones franceses en la Península en 1811.




La nueva unidad, cuyos miembros estaban autorizados a ahorcar sin formación de causa a cualquier soldado sorprendido en flagrante delito, se convirtió en una sombra amenazadora que no distinguía entre pillar oro español o requisar una gallina para comer. Sin embargo, y para disgusto de Wellesley, tan temible fuerza no pudo evitar que cerca de diez mil hombres participaran del saqueo del tren de bagajes francés tras la batalla de Vitoria (Junio de 1813), permitiendo escapar al ejército derrotado.













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