viernes, 17 de junio de 2011

LIBRO II-Capítulo 24

Diario de Guerra del teniente Ian Talling (Entrada XXIV)

Quince de Junio del Año de Nuestro Señor de 1809. Vila Franca (en las cercanías de Lisboa).
Casi dos días han transcurrido desde la extraña y sangrienta contienda en la que mis hombres y yo nos vimos involucrados.

Tan pronto como se presentaron las primeras fuerzas británicas al aviso del soldado Tighe, una patrulla del 10º de Dragones Ligeros agregada al Cuerpo Preboste, el oficial al mando me ordenó (era un primer teniente) presentarme de inmediato para informar al Mando nada más conocer los pormenores del suceso.

Después de enviar un jinete en busca de auxilio para los heridos me asignó dos hombres con la misión de escoltarme  a Vila Franca. Me puse en marcha al punto aunque no antes de asegurarme de que el cabo Darragh se cuidase de que nadie dijese nada sobre el comportamiento irregular de los soldados Conlon y Dennehy.

Darragh, que gracias a Dios solamente había recibido heridas leves, me tranquilizó en ese sentido. No quise profundizar más pues mi padre, que antes que coronel fue soldado, siempre dice que cuanto menos sepa un oficial sobre los aconteceres de la tropa mucho mejor para el Ejército.
Una vez en Vila Franca fui conducido a una finca solariega, muy bien custodiada a juzgar por el despliegue de fuerzas y puestos de guardia, y que deduje debía ser la sede de nuestro Mando. Tras ser recibido por un capitán de los Coldstreams y ofrecérseme un ligero refrigerio para reponerme de la marcha, fui conducido ante un oficial portugués, un teniente coronel del regimiento de Peniche.

Para mi sorpresa se expresó en un correctísimo inglés, aunque con acento galés, y se presentó como mayor John William Waters, aunque al estar comisionado en el ejército portugués aumenta un grado su rango. Me preguntó acerca de los sucesos que ya he narrado y mostró vivo interés, al menos eso me pareció, cuando hablé sobre Emil Saiffer y al mencionar que habíamos capturado tres prisioneros.


Ante sus preguntas, y en orden a no dejar en evidencia a mis hombres, he acabado por arrogarme unos méritos que no me corresponden al asumir el papel principal en la resolución del conflicto a causa del cual me veo en este lugar. Confieso que no me siento orgulloso de lo que he hecho pero lo asumo en la medida que puede evitar la cárcel, o algo peor, a dos hombres que han sabido cumplir con su deber a pesar de todo.

Cuando pensé que la entrevista tocaba a su fin hizo su entrada un mayor británico (con las insignias de aide de camp) seguido de una figura alta cubierta de una sencilla levita de color azul, sin insignias ni condecoraciones.
Nunca le había visto antes pero la mirada fría, la nariz aquilina y la sola pose de su persona, me impulsó a dar un taconazo e inclinarme pues estaba seguro de encontrarme ante el general Wellesley.

El general (pues era él, en efecto) me invitó a cenar en su compañía y la del teniente coronel Waters y el mayor Campbell, su ayudante y héroe de Ahmednugger.

Durante la velada el general alabó mi comportamiento después de que Waters relatara la especie que yo mismo había pergeñado. Tuvo asimismo palabras de gran consideración hacia mi padre y dijo que si hubiera habido tres más como él en Norteamérica George Washington habría acabado sus días como un fugitivo más allá de los montes Allegheny.

Al cuestionárseme sobre la actuación de los hombres a mis órdenes pude decir, esta vez con toda honradez, que estuvo a la altura de la situación. Asimismo pude certificar algo que me pareció claro desde el principio y es que el teniente coronel Waters está dedicado a labores de Inteligencia y que iba a hacerse cargo de los prisioneros tan pronto llegaran. Por lo que se dijo después acerca de la habilidad de su personal a la hora de arrancar confesiones no pude evitar experimentar un punto de temor, involuntario desde luego, acerca de la suerte de los tres alemanes que habíamos retenido tras la refriega.

Más tarde, a la hora de retirarnos, el general me estrechó la mano y me deseó buena suerte, acto que interpreté como que muy pronto entraremos en combate.

                                                               ©Fernando J. Suárez

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