viernes, 17 de junio de 2011

KARL SCHULMEISTER

El papel de los espías ha sido, con frecuencia, de capital importancia en la historia de los conflictos bélicos. Las Guerras Napoleónicas no fueron una excepción en ese sentido y produjeron un buen número de “guerreros de las sombras” que cosecharon desigual fortuna. Uno de ellos, tal vez el mejor de cualquiera de los bandos, fue Karl Schulmeister, conocido en el servicio secreto francés simplemente como Monsieur Charles.

Su lugar de nacimiento está sujeto a controversia pues algunas fuentes lo sitúan en Baden y otras en Alsacia en el año 1770.

Comerciante de tabaco (y contrabandista), que se movía con soltura en la frontera entre Francia y los estados alemanes, Schulmeister trabajaba ya en los primeros años de la década de 1800 para Austria y también para la Santa Alianza, el servicio de espionaje de los Estados Pontificios.

Reclutado a su vez por los franceses, parece que tuvo una participación decisiva en el secuestro del Duque de Enghien, a la sazón implicado en una conjura contra el Cónsul Bonaparte. El éxito de esta empresa hizo que se asignasen tareas más complejas y, en 1805, consiguió infiltrarse en las altas instancias militares austriacas merced a las informaciones que sobre el ejército francés suministró al jefe del Ejército Austrico, mariscal barón Von Lieberich.

Sus posteriores informes , suministrados directamente desde París, contribuyeron a las derrotas austriacas de Ulm (16-19 de Octubre de 1805),donde fue hecho prisionero el propio mariscal Von Lieberich; y Austerlitz (2 de Diciembre de 1805).

Nombrado general y recompensado con la Legión de Honor (aunque nunca le fue impuesta), Schulmeister se ocupó de la seguridad del mismísimo Napoleón durante el Congreso de Erfurt (Septiembre-Octubre de 1808). Desempeñó diversos cargos en la administración napoleónica, incluyendo la dirección del Servicio Secreto.

La caída de Napoleón significó la suya propia y tras varias vicisitudes para escapar de la venganza de los austriacos, en las que empeñó toda su fortuna, acabó sus días como vendedor de tabaco en Estrasburgo en 1852.

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