domingo, 17 de julio de 2011

LIBRO II-Capítulo 26

Diario de Guerra del teniente Ian Talling (Entrada XXVI)

Veinte de Junio del Año de Nuestro Señor de 1809. Abrantes

Una gran actividad bulle en el campamento desde que S.E. el General Wellesley llegara al mismo poco después de que yo lo hiciera el pasado día dieciocho.

Parece que vamos a ponernos en marcha en breve pues los preparativos no dejan lugar a dudas, como tampoco el hecho de que todas las tropas disponibles hayan sido convocadas. Se rumorea insistentemente que vamos a marchar hacia España para dar batalla allí a los franceses.

Es, desde luego, una magnífica noticia que no hace sino confirmar la opinión que me había formado del general, sustentada en las cartas de mi hermano Angus que sirvió a sus órdenes en la India. Creo que es bueno para el Ejército que su jefe busque el combate en vez de apoltronarse en espera de ser él el atacado. Ello, además, crea una sensación de confianza entre la tropa, a la vez que combate la holgazanería y la dejadez.

Creo que si mi padre leyera lo que acabo de escribir me diría que hablo como un joven petimetre que no ha aprendido nada. Es cierto que todo cuanto pueda saber de la guerra me lo ha enseñado él, y él sufrió como soldado las fortunas o las miserias de quienes le mandaron. Es verdad que el soldado común trata de sobrevivir para combatir un día más y, por lo general, no gusta de los generales excesivamente combativos. Pero no es menos cierto que el soldado profesional, el que ha hecho de la guerra su oficio, busca siempre el combate no solamente por instinto sino también por las posibilidades de obtener botín.

Una innovación importante que merece la pena destacar es la decisión del general Wellesley de fraccionar el Ejército en divisiones (cuatro en total) para facilitar tanto su desplazamiento como el despliegue y la transmisión de órdenes, así como para que los jefes de las mismas puedan hacer uso de su iniciativa llegado el momento.

En el caso del II/87, el batallón ha sido agregado a la Tercera División (incluyo el despliegue de la misma).

Nuestro comandante es el Hon. Mayor General John Randoll McKenzie, un bizarro soldado distinguido en Maida que empezó su carrera en los Royal Marines  y la continuó brillantemente en el 78 de Highlanders, del que llegó a ser  teniente coronel en 1796 (y aún coronel honorario en 1801). Al mando de una brigada en Portugal el año pasado, es también miembro del Parlamento por el condado de Sutherland. Él mismo, además, dirige la brigada que lleva su nombre y que está formada por el III/27, el II/31 y el I/45.


Por otra parte, la otra brigada de la división está dirigida por el Hon. Mayor General Christopher Tilson, quien ya dirigiera una brigada en Portugal y cuyo historial de servicio es brillante, incluyendo acciones en Egipto y las Indias Occidentales.

Precisamente a su brigada está incorporado el II/87 junto al I/88 y a cinco compañías del V/60. La carencia de efectivos es tal que ha sido preciso detraer efectivos de otras fuerzas para dar consistencia a esta brigada.

Ahora parece claro como la luz del día que cada hombre es necesario por lo que muchos de nosotros nos avergonzamos al recordar nuestros temores sobre si íbamos o no a combatir.  Ya nada más resta saber cuando nos pondremos en marcha y, en lo que a mí concierne, si estaré realmente a la altura de cuanto de mí se espera.

                                                                       ©Fernando J. Suárez




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