domingo, 9 de octubre de 2011

LIBRO II-Capítulo 31

Diario de Guerra del teniente Ian Talling (Entrada XXXI)
Veintisiete de Junio del Año de Nuestro Señor de 1809. Abrantes
[Lo que sigue a continuación es una copia fiel del original]

Al Capitán Angus Talling. Hon. Compañía de las Indias Orientales
12 Regimiento de Infantería Nativa,
1ª Compañía de Granaderos, Primer  Batallón

Tanjore, Presidencia de Madrás

Querido hermano:

Deseo que te encuentres bien cuando recibas estas líneas. Te escribo en vísperas de la partida de nuestro ejército hacia España.

Como es evidente que no sabes nada de cuanto ha ocurrido últimamente te informaré someramente de mi situación.

El pasado Abril, justo el día de mi cumpleaños, nuestro padre me obsequió con un nombramiento de segundo teniente en el 87 Regimiento Irlandés de Infantería. Después de una atroz travesía hasta Lisboa, nada en comparación sin embargo a la que hubiste de realizar tú hasta la India, pude ocupar mi plaza en el Segundo Batallón, concretamente en la Compañía Ligera.

Imagino tu sorpresa pero no es mayor que la que recibí yo cuando me lo comunicó el jefe del batallón. Sospecho que algo habrán tenido que ver las amistades que posee nuestro padre en la Guardia Montada y en el Parlamento pero eso no me hace menos feliz, al contrario, me obliga a cumplir con mi deber con mayor presteza pues el honor de los Talling está en juego.

Y, puesto que hablo de sorpresas, te diré que nunca imaginarías a quien tengo bajo mis órdenes. ¿Recuerdas a Shillelagh O’Meara? ¿Recuerdas que la aya Agnes siempre decía que vendría a llevársenos por portarnos mal y que nos daría una buena tunda con su porra? Pues bien, el soldado Cathan O’Meara es uno de los miembros de la Compañía Ligera. Sigue llevando el shillelagh aunque aún no le he visto emplearlo. Te confieso que cuando examiné el rol de la compañía sentí un punto de temor, que se acrecentó cuando pude verle en persona. Posee una apariencia en verdad terrible y me pregunto si se imagina que la amenaza de su cachiporra nos causaba más temor que una muerte sin Absolución.

En el momento de salir de Irlanda nuestros padres se encontraban bien: Nuestro padre añorando la vida en campaña y nuestra madre, bueno, pensando a todas horas en ti y en Patrick y contando ahora con una nueva preocupación por mi causa. Cuando me marché me dijo que lo único que deseaba en este Mundo era vernos de nuevo a todos en Talling Manor. Es difícil comprometerse a algo así cuando los tres hemos hecho de la guerra nuestro oficio pero le prometí que haría cuanto pudiera, al igual que tú y Patrick, para complacerla.

Con respecto a Patrick, las últimas noticias que de él recibimos nos decían que se encontraba en Jamaica por necesidad de reparación del barco donde sirve. Puedes imaginar cómo estará: igual que un tigre enjaulado y contando los minutos que faltan para que su barco se haga de nuevo a la mar.

Añoro cuando jugábamos a soldados y recuerdo vivamente la mirada de desaprobación de nuestra madre tanto como las palabras de nuestro padre: “La Guerra no tiene nada de Gloria, solamente es un enorme montón de excrementos”.

No consiguió que siguiéramos otros pasos que no fueran los suyos y ahí estamos: tú, sirviendo a John Company[1] en el otro extremo del Mundo; Patrick surcando un océano tras otro y yo a punto de embarcarme en una campaña, mi primera.

No sé si estás enterado que el general que manda nuestras tropas aquí es Sir Arthur Wellesley, a quien conoces bien. He narrado innumerable cantidad de veces la descripción que nos enviaste de tu participación en la batalla de Assaye, así como el valor del general al dirigir el asalto a los cañones marathas. A la vista de su coraje, y del hecho de las bajas en Assaye fuesen tan elevadas, no hay duda de que es el hombre idóneo para hacer la guerra a Bonaparte.

Aunque aún no he entrado en combate, de modo formal, debo decirte que ya he experimentado la atroz sensación de matar a un hombre. No puedo darte explicaciones sobre cómo ha ocurrido pero tuve siempre presente la máxima de nuestro padre: “Mejor matar que morir”. Solamente puedo decir que la apliqué.

Has de saber que me afano en seguir tus pasos en lo tocante a las lenguas y estoy aprendiendo español de un ayudante de cirujano del batallón, el teniente Tarín, que lo es además de uno de mis mejores amigos. Quizá esta lengua te parezca una menudencia comparada con el hindi o el marathi pero créeme si te digo que también encierra dificultad, aunque Tarín dice que he hecho grandes progresos en poco tiempo.

Creo que nada más me queda por relatarte. Deseo que tu carrera continúe proporcionándote los honores que mereces. Ruego a Dios por ti y por Patrick cada día y cada noche pues, aunque hemos sido egoístas a la hora de seguir nuestro camino, creo que debemos honrar a nuestra madre volviendo a casa algún día.

Tuyo afectuoso.

Ian Talling
Segundo Teniente
Compañía Ligera. Segundo Batallón/87 Regimiento Irlandés de Infantería

Posdata.
Si para cuando recibas esta carta ya no estoy en este Mundo recuerda que nunca hubo hombre alguno más orgulloso de pertenecer a una familia como lo estoy yo de pertenecer a los Talling.

                                               ©Fernando J. Suárez



[1] Apodo popular con que se conoce a la Honorable Compañía de las Indias Orientales

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